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Imagínate – Imagínese usted

Con ésta casi nos vamos en volandas mentales a “Imagine”, la canción de Lennon. Ni tan poético ni tan utópico es, normalmente, el uso de estas palabras por estos lares cuando se emplea como fórmula repetitiva. Suele ir, entonces, sola. Imagínate, punto. O, como mucho, entre los adolescentes, que es la etapa vital en que más se suele alucinar con todo: imagínate, tío. Aunque también podemos “visualizarla” en la forma clásica imagínese usted, o figúrese usted (más castiza) que tiende a desaparecer (al mismo ritmo que tiende a desaparecer el uso del usted, y que yo ahora no quiero entrar a juzgar, para no amargarme). Suele, como vemos, anunciar acontecimientos o noticias impresionantes o, en caso de ir detrás de la revelación de los supuestamente sorprendentes sucesos, sugerir, motivar o forzar los convenientes gestos de estupefacción y de sorpresa. (Bueno, podemos bajar unos grados de intensidad intencional a todas estas consideraciones y daremos con el punto justo).

A mi primo no le gusta el cine. Imagínate.
Figúrese usted, no voy al cine desde hace tres años.

Como todo en esta vida, también la muletilla ésta tiene su reverso, es decir su utilización a la contra. Y es cuando a uno no le sorprende en absoluto lo que acaban de contarle y le pide al contertulio un esfuerzo (muy muy leve) de imaginación para que consiga suponerle ridículamente preocupado o inquieto ante tal tesitura. Tiene más fuerza irónica acompañada del pronombre personal: imagínate tú, o imagínese usted.

Y me dijo que se iba al cine con ella. Imagínate tú [figúrate tú] lo preocupada que me dejó.

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