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Como – Como muy

Expresión muy integrada en la sintaxis y que en realidad solo puede definirse como muletilla si se repite a menudo (al igual que las demás, ciertamente). No nos estamos refiriendo, por supuesto, al adverbio de modo ("haz como puedas") ni a la conjunción ("llegaré como muy tarde a las..."), sino a ese uso especialmente machacón del adverbio comparativo (“semejante a”) que lo relativiza todo tanto que ya no sabe uno a qué atenerse. Por una parte facilita y promueve la inexactitud y la pereza al expresarse (“era como azul”), por otro suaviza y ablanda lo que se dice, emborrona los contornos, puesto que acaba por no definir nada de manera clara y tajante (“era como muy estúpido”). Este rasgo de indefinición deja traslucir esa famosa desidia, falta de implicación y superficialidad que suele confundirse con la elegancia.
Al igual que otras ya citadas, también se usa para poder soltar algún vocablo o expresión fuera de lo común (en un ambiente dado) que, dicho directamente, podría dar vergüenza. Por ej.: “Es un tipo como muy circunspecto”.
Como muletilla puede llegar a ser enfermiza, puesto que puede colocarse delante de cualquier adjetivo, sustantivo o frase adverbial. Se puso de moda en los noventa entre la juventud pija, hasta tal punto que bastaba con utilizarla dos o tres veces para caricaturizarlos. Si se le añade el muy detrás resulta como mucho más exquisita.

Era como que teníamos ganas de ir al cine y acabamos viendo una película como muy chuli.

“A mí no me ha contado nada, pero tiene toda la pinta de haber encontrado a alguien, porque se arregla más, y se ha puesto a régimen, y está como muy contenta, ya sabes.”
[Almudena Grandes. Los aires difíciles, 2002.]

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